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Falta de recursos
por Francisco Valdés [fvaldes@itlaguna.edu.mx]


En días recientes el gobierno de la ciudad anunció la posposición de diversas obras viales por “falta de recursos”. En particular se mencionó a tres pares viales que según el vocero municipal le urgen a la ciudad: el de Leona Vicario y Ramón Corona, el de la Arista y Lerdo de Tejada y el de Comonfort y Francisco y Madero.

El principio de los pares viales es el de convertir lo que eran calles comunes en vías rápidas para la circulación de coches. La rapidez se logra combinando varios factores. Uno consiste en quitar coches estacionados ganando un carril a la circulación. Para minimizar las molestias a vecinos y negocios, se toman las banquetas para hacer ahí cajones de estacionamiento. Para ello, obvia decirlo, se tumban montones de árboles, como sucedió hace pocos años en la calle 12. Otra medida consiste en la colocación de semáforos sincronizados para agilizar el movimiento de los coches.

Una vez que se establece un par vial, la vida de los vecinos -de la calle que fue transformada y de su vecindario próximo- se ve trastocada. Cruzar el eje vial se convierte en un peligro, sobre todo para niños, ancianos y personas con movilidad restringida. El peligro se convierte en barrera y el eje vial en factor de aislamiento. Dice Areli Carreón, una activista ambiental morelense, en su ensayo sobre el tema: “... Estos caminos cuestan cerca el 70% de los presupuestos municipales. Por estos caminos pasan a toda velocidad personas que no pertenecen a las colonias y barrios que aportan los recursos para construirlos. En su rápido e ignorante cruce por esas colonias los automovilistas no se relacionan con ellas, ni tienen un contacto provechoso de ningún tipo con las personas que en ellas habitan. En esas colonias, por contraste, se vive el ruido, la contaminación, el riesgo constante de atropellamientos y la consiguiente privatización del espacio público, puesto que los niños y niñas ya no pueden caminar solos a la escuela, ni jugar en las calles, ni los adultos pueden platicarse a gusto en medio del ruido y del polvo”.

A medida que avanza el modelo, se restringe la movilidad de todo aquel que no sea automovilista. La ciudad misma crece en función del automóvil, es decir, en función de quienes tienen automóvil. Al forzar al ciudadano a ser automovilista, el modelo cochecentrista se convierte en promotor y justificador de los coches ilegales, en justificación del onapafo. Tener coche se convierte en el derecho sacrosanto de todo mexicano.

La vida urbana se va convirtiendo en una especie de estado de sitio, donde es necesario moverse con un tanque de guerra, con toneladas de fierro alrededor de uno. El transporte ya no es de personas o mercancías sino de coches y vehículos de motor. La seguridad se vuelve un espejismo como nos lo demuestra la página roja de nuestros diarios, tan plena de choques, volcaduras y atropellamientos.

El modelo de vialidad y de urbanismo basado en el coche privado de motor no tiene futuro. Es un callejón sin salida donde en el porvenir nos espera una velocidad promedio para los coches -y para los camiones y autobuses- menor a la de una bicicleta. Por ello creo que la actitud de las autoridades de nuestra ciudad -y de nuestra zona conurbada- es miope, anticuada y suicida.

Innumerables veces he oído la frase: “si las calles de Torreón fueran seguras, me movería en bicicleta”. Esto debería movernos a explorar otros posibles futuros. Como el de una ciudad amable, tranquila, de aire limpio, a escala humana. En una palabra, una ciudad con una auténtica visión de futuro y de progreso. Una ciudad de los ciudadanos, justa y limpia, en contraste con una ciudad concebida para la minoría que tiene coche de motor.

Para este futuro también hacen falta recursos. Recursos que se notan hoy tan escasos. No me refiero al dinero que no ha habido para hacer los pares viales. Mas bien hablo de los recursos de la inteligencia, la justicia, la imaginación, la equidad y la compasión. Recursos todos que definirían a un buen gobierno y a un buen gobernante.





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