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¿Por qué es imposible seguir transportándonos en automóvil?
por Areli Carreón


Transportar significa “llevar a personas o mercancías de un lugar a otro”. Transportamos agua, comida, a nuestro bebé en brazos, nuestras bolsas y el mismo peso de nuestros cuerpos. Ah! pero cuando nos subimos a un taxi, o paramos un camión, o compramos un boleto de tren, avión o unos litros de gasolina ya estamos hablando de otra cosa.

Ivan Illich distingue claramente entre dos formas de producción de circulación: tránsito- movimientos que se hacen con energía muscular, y transporte- movimientos que recurren a motores mecánicos para transladar a personas y bultos.

Mientras el tránsito tiene un valor de uso, el transporte es un bien con valor de cambio, sujeto a la escasez y a las reglas del mercado. Mientras que el que transita es dueño de sí mismo, el que se transporta es un usuario, un cliente de una industria.

Las personas nacemos dotadas de movilidad masomenos igual. Casi todos somos capaces de llevarnos a donde queremos ir, y movernos sin restricciones a costa de nuestra propia energía. Todos tenemos un derecho fundamental a la libertad de movimiento.

Hay transporte que ensancha este derecho: nos permite transportar enfermos, viejos y cargas pesadas. Pero, el transporte tal y como esta concebido y diseñado, mutila este derecho, crea desigualdad, pérdida de tiempo, de espacio y de energía, destruye el medio ambiente, la salud y deshumaniza a las ciudades y a las personas.

La persona convertida en usuaria “ ha perdido el poder de concebirse como persona. Intoxicada por el transporte, ha perdido conciencia de los poderes físicos, sociales y psíquicos de que disponen las personas gracias a sus pies. Olvida que el territorio lo crea la persona con su cuerpo, y toma por territorio lo que no es más que un paisaje através de una ventanilla. Ya no sabe marcar el ámbito de sus dominios con la huella de sus pasos, ni encontrarse con los vecinos, caminando en la plaza. Ya no encuentra al otro sin chocar, ni llega sin que un motor lo arrastre.”

La organización de nuestra sociedad alrededor de la producción masificada y veloz de bienes de consumo, impone a todos una aceleración en los ritmos personales: la vida cotidiana depende del desplazamiento motorizado, puesto que el diseño de los espacios hace inviable, peligroso y desagradable el tránsito a pie o en bicicleta.

El consumo obligatorio de un bien de cambio (el transporte motorizado), restringe las condiciones de poder gozar de un valor de uso superabundante (la capacidad innata de tránsito). La industria del transporte nos convierte a todos en usuarios.

Conforme todos y todas dependemos de este servicio, se crean destinos, calles y avenidas que permitan la circulación a altas velocidades y al posibilitarse ciertas velocidades, se crean distancias que sólo los vehículos motorizados pueden recorrer.

Al restringir o ensanchar nuestra circulación a las posibilidades y ofertas del “veloz” transporte, las personas perdemos nuestra autonomía de movimiento y la sociedad se hace dependiente de una industria y se acepta estructuralmente la desigualdad.

Al depender de los transportes motorizados, creamos lo que Illich llama un monopolio radical de la circulación: el poderoso control que ejerce la industria del transporte sobre la capacidad innata que tiene toda persona para moverse, obliga a satisfacer de manera industrial, una necesidad elemental que puede ser satisfecha de forma personal.

La desigualdad

Según Illich, existe una contradicción básica entre justicia social y energía motorizada:

La máquina es una contribución positiva si su empleo conduce a expander el radio de circulación para todos, multiplicando los destinos terminales sin que aumente el tiempo social que se dedica a la circulación.

Pero ¿es cierto que el automóvil cumple con este servicio para todos?

“Al mejorar el tránsito de un miembro de la colectividad, mejora la suerte del conjunto, todos salimos ganando. En cambio, la lucha por mejorar el transporte (acelerarlo) resulta en aumento de la injusticia.

En toda sociedad que hace pagar el tiempo, la equidad y la velocidad en la locomoción tienden a variar en proporción inversa una a la otra: Los ricos van a donde quieren rápidamente; los pobres usan mucho tiempo para que el sistema de transporte funcione para los ricos.”

O en términos de Jean Robert, “Una sociedad que promete a todos libertad ilimitada de movimiento solo puede garantizar un mínimo de espacio de circulación a unos en la medida en que otros se quedan fuera del juego. Un automóvil individual ocupa constantemente entre 100 y 120 metros cuadrados en espacios de circulación, de estacionamiento y de reparación, lo que equivale a una superficie de un departamento mediano. Nadie duda que este uso privado del espacio público constituye un vicio privado que la moral debería condenar. No he renunciado a la parte del espacio público que mi vecino automovilista monopoliza: él me la roba cada día.

Este robo se justifica por un valor ilusoriamente superior: el impulso que el automóvil da a la economía industrial. El embotellamiento crónico, el envenenamiento del aire, el decaimiento de la calle y de la cultura urbana que en ella tenía lugar, la deportación de los pobres fuera de los lugares amenos, el ruido y la fealdad del entorno muestran el error: la acumulación de vicios individuales no desemboca más que en el caos público.”

“Pasada la barrera crítica de la velocidad en un vehículo nadie puede ganar tiempo sin que obligadamente, lo haga perder a otro. Al rebasar cierto límite de velocidad, los vehículos motorizados crean distancias a costa de todos, luego las reducen únicamente en beneficio de unos cuantos.”

“El tiempo vale oro” dicen los estadounidenses. Pero sólo el tiempo de unos cuantos que pueden pagar por “ahorrarlo” privadamente, en perjuicio del tiempo y del gasto de todos.

Pongamos por ejemplo las vías rápidas, ejes viales, libramientos y periféricos. Estos caminos cuestan cerca el 70% de los presupuestos municipales. Por estos caminos pasan a toda velocidad personas que no pertenecen a las colonias y barrios que aportan los recursos para construirlos. En su rápido e ignorante cruce por esas colonias los automovilistas no se relacionan con ellas, ni tienen un contacto provechoso de ningún tipo con las personas que en ellas habitan. En esas colonias, por contraste, se vive el ruido, la contaminación, el riesgo constante de atropellamientos y la consiguiente privatización del espacio público, puesto que los niños y niñas ya no pueden caminar solos a la escuela, ni jugar en las calles, ni los adultos pueden platicarse a gusto en medio del ruido y del polvo.

¿Por qué gastar los recursos de todos en un servicio que sólo va a beneficiar a una pequeña parte de la población, que es la que posee un auto privado? En la mayor parte de los países “en vías de desarrollo” el incremento en la compra de autos sólo significa que una pequeña élite esta mejorando sus opciones de viaje, mientras que la mobilidad y accesibilidad de todos se contrae. La gente en los países del “tercer mundo” tiene que vivir con aire contaminado, y calles inhospitalarias y peligrosas, aunque la mayoría nunca disfrutará los priviliegios de poseer un automóvil.

La pérdida de tiempo y de espacio Paradójicamente, el tiempo que se busca “ahorrar” con los transportes, se invierte en ir más lejos o en pagar el auto y sus costos.

Según Illich, el norteamericano medio consagra más de 1500 horas al año a su automóvil (...) utiliza 4 horas diarias para usarlo, mantenerlo o trabajar para pagarlo, sin contar el tiempo que usa en todas las actividades orientadas por el transporte: ir al hospital, a sacar licencia o verificación, a hacer cola por gasolina o para repararlo... Necesita pues 1500 horas para hacer 10 000 kilómetros, es decir 6 kilómetros por hora. Mas valdría ir caminando...

¿Usted cuánto tiempo usa diario para transportarse?

Según John Whitelegg, ya nadie tiene tiempo para los demás; entre más tiempo buscamos ahorrar, menos tiempo parecemos tener:los servicios tienen una ubicación muy lejana y la gente se ve obligada a viajar más lejos de lo que necesitaba hace 70 años.

Morchetti ha demostrado que la cantidad de tiempo que cada persona dedica a viajar es aproximadamente la misma, sin importar que tan lejos o que tan rápido viaje. Cuando la gente aumenta su velocidad la utiliza para recorrer más distancia, no para hacer más viajes.

Los que usan los vehículos motorizados para ir a altas velocidades aún necesitan trabajar, dormir, comer y jugar, en la misma proporción de tiempo.

El D.Seinfried acuñó el término “velocidad social” para referirse a la velocidad promedio de un vehículo, una vez que se han tomado en cuenta los factores ocultos. Por ejemplo: una bicicleta va a 14 km/hr. sólo 3 kilómetros menos rápido que un auto pequeño. Pero si se toman en cuenta los costos externos (como la contaminación de aire, de ruido. costo de accidentes, costos de construcción de caminos, etc.) los coches son un kilómetro/hora más lentos que las bicicletas. Cuando la velocidad social es tomada en cuenta, resulta que el automovilista usa más tiempo en transportarse que el ciclista. Mientras la velocidad consume distancia, el transporte consume espacio - y entre mayor es la velocidad, mayor es la cantidad de espacio que requiere.

Según un estudio suizo, un coche que viaja a 40 km/h requiere 3 veces más espacio que uno que viaja a 10 km/hr. El espacio tiene que consumirse en grandes cantidades para proporcionar la infraestructura necesaria para los viajes de alta velocidad.

Para mucha gente es imposible moverse sin auto: el automóvil modela el espacio y la vida.

Gracias al acceso a los automóviles privados, se crearon en los suburbios de las ciudades zonas de habitación exclusivamente residencial, donde nadie camina. Estas zonas han dado lugar a diversos fenómenos sociales: la dispersión en el espacio provoca el aislamiento y fortalece la individualización. Los jóvenes no tienen espacios de encuentros ni están en contacto con posibilidades de empleos. Los viejos y los pequeños están casi totalmente aislados. No hay posibilidades para encuentros casuales, ni hay interacción social posible fuera de agendas precisas. Los empleos, escuelas, tiendas, centros de diversión y cultura están siempre cerca... si vas en coche.

En una misma hora, una vía reservada para el autobus, sirve para transportar a 30 mil personas, para un tren ligero a 50 mil y para un metro subterráneo hasta 70 mil, mientras que en un carril reservado a autos particulares utilizado al máximo (con 4 ocupantes por auto) no se transporta mas que a 8 mil.

La destrucción del medio ambiente, la salud y la vida En el mundo hay una flota de 500 millones de automóviles y camiones sobre el planeta y una producción de 35 millones de vehículos por año - uno nuevo cada segundo.

El automóvil privado engendra del 20 al 25 % de los bióxidos de carbono que se acumulan en la estratosfera y que incrementan el efecto invernadero y el calentamiento progresivo del planeta, que provoca a su vez sequías e inundaciones, además de un posible incremento del nivel del mar y la consiguiente desaparición de litorales, deltas y poblados en las costas.

Los principales contaminantes del aire son:

SO2 Dióxido de sulfuro
NOX Oxidos de nitrógeno
CO Monóxido de carbono
CO2 Bióxido de carbono
polvo, plomo y otros metales pesados
smog negro, (fluorine) ozono y contaminación fotoquímica
HC Hidrocarbonos y ácidos
Partículas suspendidas

Estos gases se elevan en la atmósfera y al combinarse con la humedad provocan la lluvia ácida, que mata a los bosques, acidiza lagos y suelos, daña la vida silvestre y corroe edificios. Esto también produce ozono a nivel del suelo, con impactos dañinos en la salud (efectos cardiovasculares e irritación).

Los humanos somos particularmente vulnerables a la contaminación del aire: una persona inhala 17 m3 de aire al día, alrededor de 15 kgs. y los pulmones proveen de 70 a 100m2 de area de contacto con el aire. Los efectos son particularmente visibles en personas enfermas del sistema respiratorio, ancianos y niños pequeños, que pueden presentar problemas respiratorios crónicos como asma, enfisema y bronquitis. La presencia de ozono al nivel del suelo disminuye la función respiratoria de 8 a 5%, lo cual puede ser mortal para los asmáticos o quienes sufren de enfisema pulmonar. A nivel mundial, las pérdidas rutinarias de pétroleo doblan las pérdidas por derrames accidentales, agravando la contaminación oceánica con 3.54 millones de toneladas de petróleo cada año.

Además de estos problemas, un estudio demostró que también se afecta la salud del automovilista: la batalla cotidiana contra el tráfico aumenta la presión arterial, disminuye la tolerancia a la frustración, provoca mal humor y agresividad al conducir.

Un estudio de 15 países en “vías de desarrollo” encontró que los accidentes de auto son la segunda causa de muerte, sólo superada por las enfermedades intestinales.

Los costos ambientales de 1 coche

Estas figuras fueron calculadas para un auto mediano, con convertidor catalítico de 3 vías, conducido 130,000 kms. por 10 años, con un promedio de 10 litros/100 km. de gasolina sin plomo.

extracción de materias primas:
26.5 toneladas de desechos
922 millones de metros3 de aire contaminado

transporte de materias primas:
12 litros de petróleo crudo en el océano
42 millones de m3 de aire contaminado

producir el coche:
1.5 toneladas de desecho
74 millones de m3 de aire containado

conducir el coche:
18.4 kilos de desechos abrasivos
1,016 millones de m3 de aire contaminado

desechar el coche:
102 millones de m3 de aire contaminado

Pérdida de energía

Los vehículos motorizados no son máquinas eficientes.

“La industria automotriz utiliza una cantidad alarmante de recursos: 10 % de la produción mundial de aluminio, 20% del acero, 35% del zinc, 60% de la goma y 7% del cuero. Un auto nuevo que llega al mercado ya ha consumido 20% de la energía que requerirá hasta su desaparición”.

Para su contrucción, un solo auto produce 25 toneladas de desechos industriales y residuos de todas clases. Sin contar aún con la contaminación que producen los millones de autos chatarra que se desechan cada año. (Estados Unidos, Japón y Europa del Este desechan juntos 40 millones de autos por año).

Si se toma en cuenta el proceso completo de producción y transporte de combustible, la eficiencia total de los vehículos motorizados no es mas que del 5%: de 100 joules extraídos del subsuelo, sólo 20 joules pasarán de la bomba de gasolina al tanque del coche (80 joules serán absorbidos por el bombeo, el transporte, el refinamiento y la distribución de la gasolina) y de estos solo 3 joules serán usados para el desplazamiento real (el resto se dispersa en calor y en quemarse sin rodar). El motor de combustión interna tiene un rendimiento de alrededor del 15% en la conversión de la energía química de la gasolina en energía térmica y mecánica.

Globalmente, los vehículos a motor acaparan una tercera parte de los recursos petroleros mundiales. Las fuentes alternativas de energía para mover a los transportes nos plantean cuestionamientos mayores: ¿cuál sería el impacto ambiental de producir electricidad para satisfacer una demanda millonaria? ¿Cómo produciríamos hidrógeno suficiente y cómo lo distribuiríamos sin peligro? ¿Podríamos producir maíz para producir Metanol para alimentar a los autos, cuando no podemos producirlo para alimentarnos?

Aún si esto fuera posible e inocuo para el medio ambiente, estos nuevos combustibles no resuelven los problemas de congestionamiento, de muertes accidentales, de destrucción del medio ambiente por la construcción de calles y carreteras, ni la contaminación engendrada por la fabricación de los vehículos y por su desecho.

Para entender la utilización ineficiente de energía, puede ser muy útil la siguiente explicación:

Un ciclista quema alrededor de 25 calorías por milla (1.609 kilómetros). Un huevo grande puede darte 80 calorías. Un ciclista puede viajar alrededor de 3 millas con la energía de un huevo.

0 (símbolo de un huevo)

Una persona caminando requerirá 3 huevos para recorrer la misma distancia.
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Un camión lleno requiere el equivalente a 2 docenas de huevos por cada persona que transporta 3 millas.
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Un tren requiere el equivalente a 3 docenas de huevos por cada persona que transporta 3 millas.
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Un coche que rinde 12.5 millas por galón requiere el equivalente de 7 docenas de huevos para transportar a una persona 3 millas.
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Incluso si doblas el rendimiento por galón y doblas la ocupación del auto, de todas formas usas el equivalente a 21 huevos para hacer el viaje- mas de 20 veces lo que necesitas para hacerlo en bici.
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Si además pensamos que la mayor parte de los viajes que hacemos es de menos de 8 kilómetros, estamos incendiando el bosque para tostar nuestro pan!

Algunos datos calientes sobre México

México, es un país productor de petróleo y con una economía petrolizada, es decir, casi totalmente dependiente del consumo y venta de petróleo.

En México se producen 4.5 toneladas de contaminantes atmosféricos al año, en su mayoría CO2 y se queman 18 millones de litros de gasolina diarios.**

México es el 13avo país productor de CO2 en el mundo, produciendo niveles mas altos que Argentina y Brasil. *

México depende de la combustión de combustibles para incrementar su PIB.**

México es el único país perteneciente a la OCDE y del TLC que no se ha comprometido a disminuir emisiones de gases de efecto invernadero. *

Del consumo nacional de energía de 1995, el 35.9 % se utilizó en transportes.+

En nuestra querida y odiada Ciudad de México, hay un coche por cada 5 habitantes, es decir cerca de 3 millones de autos.**

En un estudio de origen- destino realizado por INEGI en 1997 se encontró que en la Ciudad de México se realizan 20 millones de viaje-persona al día.**

55% en microbuses
16. 8 % en autos privados
13.7% en metro
6.8 % en camiones
3.4 % en Ruta 100
2.5% en taxis
0.7% en trolebus
0.7% en bici
0.1% en moto
Datos proporcionados por los investigadores: * Dra. Claudia Sheinbaum, ** Ing. Rodolfo Lacy y + Dr. Edmundo de Alba

Algunos libros y revistas interesantes sobre este tema: Ivan Illich, Energía y equidad, Editorial Posada, 1979. Jean Robert, Los Cronófagos, ??. Claire Morissette, Deux roues, un avenir, Ecosocieté, 1997.





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